Estabilidad y eficacia de la monocloramina como desinfectante

Uno de los grandes hitos sanitarios de los siglos XIX y XX fue la desinfección del agua de consumo humano. Ello ha conllevado la reducción e incluso desaparición de enfermedades no solo digestivas, sino también dérmicas y respiratorias.
La desinfección del agua suele tener lugar en la última fase del proceso de tratamiento, con el fin de conseguir una cantidad residual de desinfectante para controlar la existencia de patógenos en la red de distribución, y así preservar su calidad hasta el grifo del consumidor.
En la mayoría de los abastecimientos de España la vía de desinfección es mediante cloro libre, el cual tiene un alto poder de desinfección, pero un tiempo de permanencia en agua bastante corto. Esto lleva asociado un modelo de gestión basado en numerosas plantas de tratamiento y recloradoras en la red, además de un aumento en subproductos de desinfección tales como trihalometanos o ácidos haloacéticos.
En cambio, en la Comunidad de Madrid, Canal de Isabel II ha optado por un sistema de desinfección basado en cloro combinado, y más específicamente en la monocloramina, ya que el agua tratada en sus 14 ETAP es transportada a lo largo de 17.434 km de red hasta llegar al grifo del consumidor. Por ello, aunque es conocido que la monocloramina tiene menor poder desinfectante que el cloro libre, ofrece 2 ventajas clave técnico-económicas: un mayor tiempo de permanencia del cloro residual en red, lo que permite reducir los gastos en tratamiento, y una menor formación de subproductos de la desinfección, lo que incide directamente en la salud de la población abastecida.
Actualmente, los cambios normativos respecto a productos biocidas hacen necesario determinar, entre otras cosas, la capacidad desinfectante o eficacia de los productos utilizados para desinfección, lo que puede llevar a un replanteamiento de la gestión del agua en algunos abastecimientos, ya que se tendrá que llegar al equilibrio entre la capacidad desinfectante y el cumplimiento con los límites establecidos de calidad para consumo humano, sobre todo para los subproductos de la cloración. Esto conllevará a un análisis de las ventajas e inconvenientes de cada producto, sobre todo desde el punto de vista sanitario.
Por estas razones, se procede en un primer momento a evaluar el efecto del pH en el porcentaje de monocloramina disponible en el agua desinfectada, para determinar a qué valor obtenemos mayor cantidad y estabilidad de nuestro desinfectante. Aunque, por otro lado, también es conocido que el poder desinfectante de la monocloramina puede variar con el pH, por lo que en segundo lugar se valorará este efecto dentro del intervalo comprendido entre 6,5 y 9,5 unidades de pH, por ser el que establece el R.D. 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano. Para esta determinación se ha optado por utilizar bacterias coliformes de la especie E. coli, tanto por su facilidad de tratamiento en el laboratorio, como por ser buenos indicadores de los procesos de desinfección.
El estudio se lleva a cabo tanto con agua de salida de ETAP, como con agua de puntos de red singulares de la Sierra Norte de Madrid. Esta zona cuenta con unas características particulares, ya que la baja densidad de población genera altos tiempos de retención, lo que nos permitirá conocer la estabilidad y la capacidad desinfectante de la monocloramina en la red de distribución.